InDirecto (III): El fin del mundo (Malevaje, 08.12.2011)

La noche del jueves volvía a la carga el festival itinerante “InDirecto”, esta vez con la actuación del grupo local El Fin del Mundo en Malevaje. Los miembros del grupo anunciaron en su página de Facebook que el espectáculo comenzaría puntualmente y que, por tanto, no querían quejas si la gente llegaba tarde. Pero, como bien dice ese gran sabio que es el refranero español, no se puede escupir al cielo: como suele pasar, el concierto empezó con más de media hora de retraso.

Quitando esto, no hay objeción alguna que se les pueda poner a los almerienses, que defendieron un breve pero intenso setlist con diez temas propios. Las malas lenguas los tachan de “inspirarse” en Vetusta Morla; sin embargo, el grupo tiene su estilo propio, un sonido oscuro, en ocasiones desgarrado, pero con mucha energía e incluso un punto gamberro (sólo hay que echarle un vistazo al setlist “tuneado” que tenían a sus pies). Abrieron la noche con “Cine mudo” y  el público se entregó desde el principio a su potente directo.  El tercer tema de la noche, “Pedazos de otros”, refrescó en nuestras memorias su actuación en la tercera edición del Maldito Sol Festival, donde quedó patente su buen hacer sobre el escenario.

La actuación siguió su curso, dejando lugar entre tema y tema para diversos agradecimientos y dedicatorias, pero la que más nos llamó la atención fue algo así: “La mitad de los que estáis aquí esta noche habéis venido para vernos; la otra mitad, para criticarnos. Esta canción va dedicada a ese 50% que ha venido a criticarnos, porque gracias a ellos el local está lleno”.

Con el tema que da nombre a la banda cerraron la noche, o eso parecía, pero ante la insistencia de los presentes accedieron a presentar un tema recién salido del horno, tanto que aún quemaba, porque lo habían terminado esa misma mañana. De hecho el tema no tenía ni título y pidieron comprensión por si su ejecución no era todo lo buena que debería. A pesar de algún momento de distorsión, el tema funcionó bien y fue un gran cierre para el concierto de una banda que esperamos dé que hablar más allá del circuito local.

InDirecto: segundo (y accidentado) asalto (Madchester, 03.12.11)

A la Asociación “El Marrajo” parece que le hayan lanzado una maldición y desde luego que si ponen un circo les crecen los enanos. La segunda cita del festival itinerante “InDirecto: Playmusic vs. Espantapitas” debía haberse celebrado la noche del sábado con los almerienses Ortofálico Chisme y los barceloneses Mendetz y Fundación Tony Manero en la discoteca Chamán (Los Escullos). Sin embargo, las lluvias del viernes por la noche dejaron inundado el local y la organización, con el apoyo del recién inaugurado Madchester, reubicó el evento, trasladándolo al citado local de la capital. Por otro lado, la Fundación Tony Manero desapareció del programa sin explicación ninguna por parte de la organización, simplemente un cartel escrito a mano en la puerta que rezaba algo así “Menú del día: Ortofálico Chisme + Mendetz a partir de las 23:30”.


Centrándonos en las actuaciones, los primeros en aparecer sobre el escenario, en contra de lo que cabría esperar, fueron Mendetz. Los catalanes lo hicieron con casi una hora de retraso sobre la hora prevista, agradeciendo la paciencia del público y justificando el retraso por el cambio de emplazamiento. Abrieron su setlist con “2012”, el primer corte de su último trabajo “Silly Simphonies”, y desde el primer momento la gente se entregó a los desenfadados y frenéticos ritmos de este grupo. Entre el público asistente había una buena parte de seguidores que ya se granjeara el grupo en estas tierras con su participación en el Creamfields de hace unos años, algo a lo que ellos mismos hicieron referencia en una de las pausas entre temas.

La noche avanzaba alternando temas nuevos con otros ya conocidos de la formación hasta llegar a uno de sus más conocidos, “Futuresex”, con el que hicieron la primera despedida, que no suscitó muchos silbidos porque se notó de lejos que era una falsa despedida, como bien dijo el bajista Oriol Francisco al regresar el escenario: “Esto no siempre nos sale bien”. El primero de los bises fue “Dryness”, de su álbum debut, y cerraron su actuación con una gran versión de “Freed from desire”, dejando al público con un grato recuerdo y en estado de euforia.


Pero el estado de euforia fue decayendo, porque la espera para ver a Ortofálico chisme se prolongó demasiado, no por su gusto, claro está, sino por diversos problemas técnicos a los que tuvieron que hacer frente. Cuando ya parecía que estaba todo arreglado, los almerienses irrumpieron en escena haciendo lo que mejor saben: llamar la atención con una puesta en escena estridente, superhéroe de mallas rosas y capa amarilla incluido. El tema elegido para abrir su actuación, “T de Teppeta”, está incluido en el nuevo álbum de la banda. Sin embargo, la actuación comenzó torcida al irse el sonido del micrófono del cantante.

Tras una pequeña pausa volvió a sonar la música y los Ortofálico fueron desgranando los temas de sus dos largos, “Ortofálico chisme” y “Ortoland”, con su característico estilo bizarro, lleno de sonidos estridentes y mucha distorsión. Con el tema “Frankie Franklin”, el superhéroe dio paso a un Frankenstein que incluso se paseó entre el público para acabar en una especie de “silla eléctrica”. El setlist siguió su curso hasta llegar el tema más conocido de la banda, “Chica y cerdo”, cuyo videoclip se proyectó durante la interpretación, a la vez que Frankie fue sustituido por “Cerdo”. Después llegó un megamix de fragmentos de versiones de temas como “Bailaré sobre tu tumba”, “Light my fire”, “No controles”, “En tu fiesta me colé”, “Embrujada”… amén de algunas más, que en conjunto se puede valorar como positivo, aunque algunas versiones fueron más meritorias que otras. Llegados a este punto, aún sabiendo que al concierto no le quedaría mucho más, el cansancio de estar 4 horas de pie, bailando y dando saltos, nos venció, así que nos retiramos a nuestras madrigueras y pedimos disculpas a Ortofálico por no quedarnos hasta un final que seguro fue apoteósico.