Vetusta Morla se guarda lo mejor para el final (Circo Price, 27.10.2012)

Tenemos un problema: no sabemos cómo contaros lo que pasó el sábado en el Circo Price; nos parece dificilísimo escribir una crónica que le haga justicia. Porque lo que pasó el sábado (y continuó el domingo) en Madrid  fue grande. Porque los de Tres Cantos siguen haciendo alarde de su valentía. Porque no se arrugan. Y la apuesta que hicieron para su fin de gira fue un órdago en toda regla.

Que la cosa prometía lo teníamos todos claro. Por eso volaron las entradas de las dos primeras sesiones. Por eso se añadió un segundo día, con sus dos nuevos pases… y volvieron a volar. Muchos habían visto ya la colaboración inicial de Vetusta Morla y la Orquesta Sinfónica de la Región de Murcia (*); dos conciertos celebrados la pasada primavera con el objetivo de recaudar fondos para ayudar a reconstruir el conservatorio de Lorca. Otros habíamos optado por disfrutar del espectáculo por primera vez en directo; ya habría tiempo para las grabaciones después. Pero unos y otros sabíamos que iba a ser una cita para no perderse.

Nosotros elegimos el segundo pase del sábado, así que nuestro encuentro con el sexteto era a las 21.30. Mientras esperábamos a las puertas del Circo Price, iba abandonando el recinto el público del primer pase. Alguna cara conocida se detuvo a charlar con nosotros pero no quiso desvelarnos más detalles de los necesarios; había que mantener el factor sorpresa. Sabíamos, eso sí, que el concierto iba a estar organizado en tres partes: acústica, sinfónica y eléctrica. Y decidimos que esa era toda la información que necesitábamos.

Como habíamos entrado pasadas las 9 y el primer pase parecía haber tenido algo de retraso, nos mentalizamos para esperar unos cuantos minutos, pero Pucho y compañía apenas se hicieron de rogar y la fiesta empezó bastante cerca de las 21.30 previstas. Para que os hagáis una idea, el escenario estaba montado de la siguiente manera: sobre las tablas, la mayor parte de los puestos de la orquesta. Justo debajo, ya en la pista del Circo, los violines, la directora y los seis vetustos. Eso dejaba, frente a ellos, aproximadamente la mitad de la pista libre para unas cuantas decenas de sillas ligeramente por encima del nivel de los músicos. El resto del público, en las gradas.

La velada fue sorprendente desde el inicio. Porque cuando se apagaron las luces aparecieron solamente Pucho y Guillermo. Voz y guitarra acústica, totalmente desenchufadas, para que los dos, mano a mano, abriesen fuego con “Pequeño desastre animal”. Por delante de los instrumentos, por delante de la posición que después ocuparía Pucho y a centímetros de las primeras filas. Silencio sepulcral en el recinto madrileño y yo que me acordaba de las mil y una veces que mi abuelo me ha dicho aquello de “yo en mis tiempos cantaba a pelo, sin micro ni nada”. Pucho también, abuelo.

La cosa empezaba, pues, con la parte acústica. Ukelele, bajo y guitarra acústicos y suave percusión para acompañar otros cuatro temas, que empezaron con la ‘inédita’ –por aquello de que no está incluida en ninguno de los dos discos oficiales de la banda, aunque es de sobra conocida – “Los buenos” y que quedó completada con la terna “Autocrítica”, “Al respirar” y –quizá la elección más sorprendente- “Mapas”.

Tras el tema que da nombre a su segundo largo, los seis músicos abandonaban sus posiciones y cedían todo el protagonismo a la otra parte fundamental de la fiesta. Entraban en escena así los sesenta músicos de la Orquesta Sinfónica de la Región de Murcia que iban a tardar muy poco en elevar el espectáculo a otro nivel. Porque aunque al principio de “Escudo humano” tuvimos la sensación de que Pucho y la orquesta no terminaban de ir acompasados, fue una sensación transitoria. Enseguida nos encontramos disfrutando de la magia que los arreglos orquestales le estaban dando a las composiciones del sexteto. La cosa se fue asentando con “Rey Sol” –especialmente grande el apoyo de la orquesta en el estribillo- y “Canción de vuelta”, antes de la cual Pucho aprovechó para comentar,  jocoso, cómo algunos quieren intentar convencernos de que organizarse no es bueno, mientras otros en cambio optan por demostrar como unirse por causas nobles puede dar muy buenos frutos. Ellos y la OSRM son un buen ejemplo de cómo luchar por algo –en este caso, la rehabilitación del conservatorio de Lorca-  puede acelerar procesos que la burocracia parece empeñarse en estancar.

Aunque tenemos nuestros claros favoritos en una noche que dio mucho de sí, hay momentos que –para nosotros- merecen también su mención especial.  Uno de ellos llegó con “Maldita Dulzura”, una canción que parece estar hecha para sonar justo como lo hizo en el Circo Price, y que con la OSRM tuvo un final muy intenso.  No es esa la única canción del repertorio tricantino que parece crecer con el acompañamiento sinfónico, mérito en una gran medida de los 13 arreglistas que lo han hecho posible y a los que Pucho se encargó de rendir tributo. Así, los  tramos puramente instrumentales de “En el río” tuvieron, arropados por los 60 músicos, una fuerza nueva, aunque los mejores momentos estaban reservados para un par de grandes clásicos –aunque casi dé pudor usar la palabra ‘clásico’ con una banda tan joven como Vetusta Morla- y alguna joya.

 

Nos parece casi injusto destacar momentos de una actuación que fue muy grande de principio a fin; es posible incluso que, si volviésemos a vivirlo hoy, le cediésemos el podio de honor a otras canciones. Pero allí, in situ, la tarde-noche del 27 de octubre hubo temas que simplemente nos llevaron a otro nivel. Así que no es que no disfrutásemos –mucho- de “Un día en el mundo”,  “Sálvese quien pueda” o “Baldosas amarillas” –“Sé que estáis grabando, pero todos sabemos lo bonito y emocionante que es guardar un secreto… Así que, por favor, no lo colguéis en internet hasta el lunes”-; es, sencillamente, que las secciones de viento y cuerda hicieron de “Copenhague” una canción aún más grande, que fue creciendo poco a poco, ganando intensidad por segundos hasta acabar casi en un susurro. Es que con la orquesta y una increíble comunión con el público, “Saharabbey Road” – que siempre, cada noche con los vetustos, lleva el concierto a otro nivel- en el Price fue inmensa. La orquesta puso un soberbio acompañamiento; el sexteto tricantino echó el resto y un público rendido a los pies de los casi setenta músicos que había en escena hizo los coros perfectos. Fue, para nosotros, uno de los dos mejores momentos de la parte sinfónica y nos atreveríamos a decir que de la noche en general.

El segundo gran momento se lo habían guardado para la despedida de la orquesta. Que “Los días raros” es una canción enorme creo que lo teníamos todos claro desde el día 1. Lo que puede hacer la combinación de semejante tema con una orquesta lo comprobamos en vivo y en directo. Y flipamos. Por cómo empezó, suave, con unos geniales violines –haciendo lo que después hemos descubierto que se conoce técnicamente como un ricochet – y fue creciendo, poco a poco, sin prisa, ganando fuerza e intensidad sin parar, metiendo a un público ensimismado –al que Pucho le cedió todo el protagonismo en los coros finales- de lleno y acabando en el punto más alto.

El final de la parte sinfónica del concierto dejaba el escenario completamente vacío y a la gente, que había puesto mucho de su parte por no ser un simple espectador en una noche para el recuerdo, con ganas de más. Quedaba ya sólo el último acto de la fiesta. Una parte eléctrica que poco después iban a empezar con “Lo que te hace grande”, ya solos sobre el escenario los seis integrantes de Vetusta Morla, y que iban a rematar con una terna infalible. Del habitual delirio colectivo de “Valiente”, a la intensidad de “El hombre del saco” –precedida como lo ha hecho durante la gira de un duelo de percusión entre Pucho, Juanma y Jorge al frente del escenario-  y el gran colofón de “La cuadratura del círculo”, en una versión extendida que acabó rindiendo hasta al más incrédulo a los pies de una formación que –en el panorama nacional- tiene pocos rivales en directo. Pucho, Juanma, Álvaro, David, Guillermo y Jorge cerraban en Madrid una inmensa gira –que se encargaron de recordar con un video plagado de cifras en el que hubo cabida para ciudades, espectadores, cuerdas, cervezas, espidifenes, tweets y demás compañeros de viaje- con la que a base de profesionalidad, calidad y entrega han dejado huella sobre los escenarios españoles.

Tras los últimos golpes de percusión y antes de despedirse del respetable, les quedaba un último guiño. El tercer vídeo de la noche, para mostrar su agradecimiento a todos y cada uno de los miembros del equipo que les  ha acompañado en este viaje. Punto final ya sí de la noche, tras el que sólo les restaba ya despedirse de un público que difícilmente olvidará este enorme fin de gira del Circo Price.

(*) Nota: Os recordamos que, a cambio de un donativo, podéis descargaros en audio aquella primera experiencia de Vetusta Morla con la OSRM aquí.

Álbum de Fotos

 Vetusta Morla (Madrid, Circo Price – 27.10.2012, Segundo Pase)

Parte acústica

  • Pequeño desastre animal
  • Los buenos
  • Autocrítica
  • Al respirar
  • Mapas

Parte Sinfónica

  • Escudo humano
  • Rey Sol
  • Canción de vuelta
  • Maldita dulzura
  • En el río
  • Copenhague
  • Un día en el mundo
  • Boca en la tierra
  • Sálvese quien pueda
  • Saharabbey Road
  • Iglús
  • Baldosas amarillas
  • Los días raros

Parte Eléctrica

  • Lo que te hace grande
  • Valiente
  • El hombre del saco
  • La cuadratura del círculo
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