El empate técnico de Leiva y Ferreiro (Galileo Galilei, 29.10.2012)

No disimuléis. Ya casi ni os acordáis. Nosotros tampoco. Pero hemos decidido contároslo igual. Porque sí, hace algo más de dos semanas, estuvimos allí.

Es parte de la magia de las redes sociales. Por alguna razón, en algún momento del pasado verano, algo hizo saltar chispas entre dos tipos muy inquietos. Qué le dijo quién a quién sigue siendo hoy un misterio, pero aquello desató un intercambio de golpes en forma de tweet. Que si te reto, que si pon sitio y hora, que si ya busco yo fecha. Al final, una cita. Un rincón de Madrid, el último lunes de octubre, se iba a convertir en el escenario del duelo. Para dar fe y testimonio del evento, unos cuatrocientos testigos que agotaron las entradas en apenas dos o tres días.

Había mucha curiosidad por saber qué se sacaban de la chistera y la única pista que teníamos era una versión, mano a mano, de los “Crímenes perfectos” de Calamaro que uno de los contendientes colgó –oh sorpresa- en otro de los grandes medios de comunicación populares de nuestro tiempo.

Así que entre tweet y tweet y con youtube como aliado, llegaron el día y la hora señalados y Galileo Galilei se puso de tiros largos para recibir a los dos combatientes como en las grandes noches: a rebosar, con gente ocupando cada rincón del local madrileño. Probablemente porque era lunes –“los lunes son sólo como los sábados para la gente de mal; músicos trasnochados como nosotros. Vosotros la mayoría sois gente responsable”- la espera no fue larga. Pasaban no más de 10 minutos cuando se apagaron las luces y los dos duelistas aparecieron sobre las tablas. A la derecha, armado con sus guitarras, Leiva y a la izquierda, sentado al piano, Iván Ferreiro. Este último iba a ser el primero en disparar –“Porque aunque no lo parezca, Iván es muuuuuuuucho mayor que yo”- y lo iba a hacer con una declaración de intenciones, “Me toca tirar”. Aunque no iba a ser la tónica general, esa primera canción la iba a cantar el gallego solo, mientras Leiva le acompañaba únicamente con la guitarra eléctrica.

Antes de eso, Ferreiro nos contaba que el duelo tenía sus reglas y nos pedía silencio absoluto. Sepulcral. Nada de cantar “o me marcho”. Y la advertencia del gallego evitó que la cosa se convirtiese en un monumental karaoke. Al menos al principio, claro. Pero vamos poco a poco.

Tras el golpe inicial, empezó a quedar clara la dinámica de una velada celebrada al amparo de “la ley de duelos de la comunidad de Madrid, del año 1887”. Leiva cantó –también solo- “Nunca nadie”, mientras Iván ponía el piano, pero ya a partir de ahí fueron compartiendo temas de uno y otro. Primero fue “Ciudadano A”, después “Champagne”.

Entre medias, alguna amenaza del gallego –“No me hagáis cortar ya el concierto”- cuando el respetable subía demasiado la voz, que quiso el destino que acabase volviéndosele algo en contra minutos después. Apenas llevaba un puñado de frases de “Jet lag” cuando dejó de tocar. “Esperad. Me equivoqué todo el rato”. Leiva le miraba divertido. “Yo estaba callado… desde el respeto…”. Y el gallego contraatacaba aludiendo al comodín del público recogido en el artículo nosecuántos de la ley de duelos. “Si me equivoco, cantad vosotros”. “Mira, ahora sí quiere que cantéis, ahora os quiere utilizar”.

En una noche de piques y acusaciones cruzadas, la mayor disputa fue culpa de una simple letra. “No eres el dueño de la M”, le decía Leiva a Iván. Parecía con ganas de demostrárselo. Y empezó a sonar “M”. No, la suya no; la del vigués. Él, claro, se la devolvió y tiró de “eme”, entonando muy desafiante aquello de “Hey, te espero fuera”.

Aquello cogió entonces un ritmo que prácticamente ya no iba a bajar. De “Aproximación” a “Piensa en frío” y después una de las únicas dos concesiones ajenas de la noche, en forma de guiño a Los Ilegales y su “Destruye”.

Tras ella, la ocasión ideal para que el de Alameda de Osuna confesase que Iván fue la primera persona a la que le enseñó el siguiente tema. Y así sonó “Por mi tripa”, preludio de un (primer) fin de fiesta apoteósico. Por una gran versión de los “Crímenes perfectos” de Calamaro y por una clásico con el que ya nadie se contuvo. Ya daba igual si el gallego se levantaba y huía. Porque aunque él no la quisiese tocar, y aunque podamos declarar que la cosa acabó en empate técnico, lo que se vivió con “Promesas que no valen nada” fue, probablemente el gran momento de la noche. Ese en el que las 400 almas que amenazaban con reventar Galileo se dejaron la voz; en el clásico de Piratas y en el no menos clásico enlace con la “Insurrección” de Manolo García y Quimi Portet.

Y si hubiesen acabado así, probablemente la mayoría se habría marchado a casa tan feliz. O tal vez no. Porque el personal estaba disfrutando tanto del intercambio de golpes, que habría firmado un número de combates infinito. Aunque fuese lunes y estuviese llegando el toque de queda de las gentes de bien.Así que entre el griterío, a los dos combatientes no les quedó más remedio que sucumbir. Aunque uno remoloneó un pelín más. Leiva volvió solo a las tablas –“Me ha dado una patada en el culo y me ha tirado al escenario”- y así, sin compañía, tiró de la que probablemente sea la mejor canción de su debut en solitario, la soberbia “Vis a vis”.

Con la gente rendida al madrileño, debió haber algún brote de envidia y el gallego salió a escena envalentonado y fanfarrón. “Vosotros no lo sabéis, pero voy ganando el duelo. Y con ésta lo remato. Porque tengo una canción que sin abrir la boca la cantáis entera vosotros.” Falsa alarma. “Te estás saltando otra canción”, que le iba a decir su compañero de faena. Y él se iba a escudar en que la siguiente era una moñez y tampoco la quería cantar. Dio igual, claro, y así sonó “Extrema pobreza”, la última antes de que saliese por última vez a relucir la ley de duelos. Y un nuevo comodín: el del compañero. Amago, juego de despiste; que si mi hermano, otra vez que si con cuatro palabras me cantáis la canción. El respetable engañado… y el que terminó apareciendo en escena fue un César Pop que se apoderó de las teclas. Y la que sí que llegó entonces fue “Lady Madrid”. Y la reacción fue espectacular; auténtico karaoke.

La jugada final, ahora ya sí, estaba clara. Aunque Leiva aún así entró en la misma dinámica; por si colaba. Que si mi hermano, que si mi gira, que si mi invitado… Todo para que –como no podía ser de otra forma- cierto fiel escudero se sumase a la fiesta: Amaro. E irremediablemente toca ya “Turnedo”. Y aquello sí que es un auténtico coro colectivo. Y ya nadie sabe si ganó uno el duelo,  si lo perdió el otro o si lo mejor sería convocar un desempate; pero al final es inevitable salir con una única sensación de la sala: este tipo de combate hay que patentarlo. Ya.

 Leiva vs. Ferreiro (Madrid, Galileo Galilei – 29.10.2012)

  1. Me toca tirar
  2. Nunca nadie
  3. Ciudadano A
  4. Champagne
  5. Jetlag
  6. M
  7. Eme
  8. Miedo
  9. Aproximación
  10. Piensa en frío
  11. Destruye
  12. Por mi tripa
  13. Crímenes perfectos
  14. Promesas que no valen nada – Insurrección
  15. Vis a vis
  16. Extrema pobreza
  17. Lady Madrid
  18. Turnedo
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