Alondra Bentley, Tulsa y The Bright cierran el 7º Alta Fidelidad (Nave de Terneras, 30.12.2015)

Festival-Alta-Fidelidad-2015

Por séptimo año ya, en los últimos días de diciembre se celebraba en la Nave de Terneras del Centro Cultural Casa del Reloj el festival Alta Fidelidad, que en esta edición concedía un papel principal a las mujeres.

Tras varios días de cine, música y literatura, el miércoles 30 de diciembre se ponía punto y final a la séptima edición y era la música la principal protagonista del tramo final. Tras la proyección de la película ‘Gente Normal’ de Leticia Dolera y el coloquio posterior con la directora, Miryam Gutierrez y Aníbal Sánchez (The Bright), Alondra Bentley y Miren Iza (Tulsa) protagonizaban un audioforum para el que se les había pedido a cada uno que presentasen tres de sus canciones favoritas. Durante casi tres cuartos de hora, los 4 músicos nos acercaron a propuestas muy diferentes.

Miren Iza se decantaban por un repertorio de mujeres con el que confesaba sentirse muy identificada y nos llevaba de la intensidad de Beth Gibbons & Rustin Man (“Tom the model) a la clase de Billie Holliday (“Strange fruit) para rematar la jugada con la espectacular “Sinnerman” de Nina Simone.

Alondra Bentley, por su parte, optaba por ir de menos a más; de canciones sencillas, con pocos instrumentos, a otras con todo el despliegue instrumental. Elegía para empezar “Little weaver bird”, de Molly Drake –madre de Nick Drake-, una canción una más pequeñita, grabada con medios caseros y sólo con un pequeño teclado y voz; seguía con Bobbie Gentry y una “Hushabye mountain” en la que los instrumentos van entrando poco a poco, y remataba con el esplendor orquestal de la beatleiana “A day in the life”.

The_Bright_3Los terceros en discordia se repartían el trabajo; Miryam y Aníbal elegían para abrir “Lucha de gigantes”, según ellos una de las más grandes canciones del pop en castellano y la única concesión del coloquio a la lengua de cervantes, y después volvían a lo anglo; ella, mirando a Pink Floyd y su “Comfortambly Numb”, que le servía para hablar de cómo a menudo, cuando estamos mal, nos refugiamos en canciones más bien tristes; él, con la segunda aportación Beatle de la tarde, “Something”.

Pero el coloquito era sólo el aperitivo. Porque para cerrar el festival por todo lo alto quedaban sendos acústicos; después de que Alondra Bentley hubiese hecho lo propio por la mañana, en un concierto especial para los más peques, les tocaba coger el relevo a The Bright y Tulsa.

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Los leoneses eran los primeros y, al filo de las nueve de la noche, reaparecían sobre el escenario armados con dos Gibson acústicas. En la media hora escasa que pasaron sobre las tablas, aprovecharon para acercar al público de Alta Fidelidad a algunos de los temas incluidos en Líneas Divisorias. Con el hielo ya roto gracias al coloquio, Aníbal y Miryam iban presentando los temas y hablando de la diferencia de tocar las canciones así, más pausadas, más desnudas, frente a la descarga de energía de días atrás en la sala El Sol. Y así iban de “Fuego abierto” a “Aire”, pasando por otras como “Piedras”, “Extrarradio” o “22 grados”, una de las que –en palabras de Aníbal- más distinta suena con el cambio de formato.

Hacían sólo una concesión a discos anteriores, y en mitad del set se colaba “Your private garden”. Como cierre, al filo de las nueve y media, quedaba la que da título al álbum, “Líneas divisorias”.

La expectación en la Nave había ido creciendo gradualmente. Si al principio del coloquio había poco más de medio aforo, cuando Miren Iza tomó el relevo sobre las tablas, el recinto estaba completamente lleno y en cuanto el alma de Tulsa apareció quedó claro que la mayoría de los presentes estaban ahí por ella.

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Aprovechando el formato, contaba que iba a recuperar canciones que hacía mucho que no tocaba. De “Tus flores”, con la que abrió fuego, hasta la (casi) última “Oda al amor efímero”, que se llevó el honor de ser la más coreada de la tarde –desde una timidez y respeto extremos por parte del público.

Entre medias quedaron canciones como “En tu corazón sólo hay sitio en los suburbios”, “Bórrame del mapa” o “Iluminados”. Y la última. Porque como regalo final, después de despedirse por primera vez, Miren reapareció en escena. “Ya me estoy arrepintiendo,” decía antes de rendirle su particular homenaje a Golpes Bajos con un fragmento de “Malos tiempos para la lírica”.

Ése era ya el punto final a tres días intensos de actividades a los que el equipo del festival ponía fin con un último deseo –compartido por todos-: que la séptima edición no sea la última.

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