Esos días de Agosto (Sonorama Ribera 2009-2015)

Nunca hemos ocultado que sentimos una cierta predilección por un festival en concreto. Nuestro idilio con Sonorama Ribera empezó tarde… pero fuerte. Tarde, porque cuando debutamos en el año 2009, el festival arandino celebraba ya su edición número doce. Fuerte, porque desde aquel 2009 no hemos faltado a ninguna edición y con la de este año irán ya 7. Lo hacíamos antes, cuando no éramos erizos, y hemos seguido haciéndolo y contándolo desde que nos salieron las púas.

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A veces resulta un poco difícil contar qué pasó exactamente en aquellos días de agosto de 2009. Sobra decir que hubo mucha música. Fuimos para disfrutar de bandas como James –en el recuerdo queda aquel “Laid” final con Tim Booth luciendo una camiseta de la selección española y un grupo de fans compartiendo bailes y escenario con ellos- o The Sunday Drivers -que con su The End of Maiden Trip se subían una última vez a las tablas arandinas-.

Fue el verano en el Vetusta Morla se consagró. La banda venía de haberse comido la Plaza del Trigo un año antes y el festival ejecutaba la sentencia del jurado popular y les cedía el escenario principal en horario de máxima audiencia. Ellos cumplían de nuevo y ponían patas arriba la noche arandina ante miles de sonoritos –“Por el puente de Aranda, se tiró, se tiró,” cantaba Pucho en un momento de la noche-. Los coros de “Saharabbey Road” resonaron en la noche y cada rincón de Aranda en los días que siguieron.

PhotoGrid_1437247046585Podríamos contaros también la historia de unos chavales y un megáfono. O cómo la camiseta de la segunda equipación de la U.D. Almería –negra- se convertía en el germen de un grupo que llegó siendo cuarteto y acabó pasando las dos decenas. O, también, contaros cómo de aquel grupo la mayor parte sigue regresando todos los años. Porque disfruta del festival. Porque disfruta de Aranda y del ambiente. Porque descubrió en el Razones –y en Javi y Charo- una segunda casa. Podríamos contaros eso y un poco más, pero, al final, sólo os podemos decir que el Sonorama es para descubrirlo.

Y es que fueron un montón los detalles y momentos de aquellos tres días de agosto en los que desembarcamos cargados de mantas, advertidos del frío de la noche arandina, y terminamos pasando un calor infernal. Lo cierto es que cuando acabaron aquellos tres días nos dimos cuenta de las muchas cosas  que habíamos hecho pero, sobre todo, de las muchas que nos quedaban por hacer. Y nos prometimos volver.

Han pasado seis años y, un verano más, contamos los días para volver. A la Plaza del Trigo y los gritos de “¡Escenario Principal!”. Al Razones. A las catas de Flequi y a las bodegas. Al recinto y ese puñado de grupos que no nos queremos perder y los que están por descubrir.

Aranda, ya no queda nada.

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