Sonorama Ribera 2018 – Sábado: El “efecto IZAL” cierra el recinto con máxima afluencia de público

Después de haber trasnochado dos noches seguidas, la mañana del sábado nos costó un poco arrancar, así que cuando llegamos al Escenario Castilla y León, ubicado en el Centro Cívico Santa Catalina, ya estaban tocando Burrito Panza ante un buen puñado de gente, la mayoría tratando de cobijarse en las sombras, pegadas a la valla del recinto.

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El grupo albaceteño ofreció una buena actuación, sonando realmente bien y entregándose, a pesar del sol de justicia que les abrasaba. Durante su actuación pudimos escuchar temas como “Entrañable y lamentable” o “El rayo loser”.

Tras Burrito Panza le llegó el turno a La Bien Querida. Quien escribe estas líneas llevaba ya varios años sin ver en directo al grupo liderado por Ana Fernández-Villaverde y acudí a la cita con tantas ganas que hasta me planté en las primeras filas a pesar del sol. Afortunadamente, para La Bien Querida pusieron en el escenario un par de sombrillas grandes, que algo de sombra les darían.

Cuando comenzó el concierto, el público abandonó las sombras y se lanzó de lleno a abarrotar la explanada al completo, dejando patente el tirón de la formación. Abrieron con “Permanentemente” y con el segundo tema, “Recompensarte”, el concierto ya se convirtió en un karaoke multitudinario. Pero no sólo del último disco se nutrió el repertorio, sino que también sonaron grandes éxitos de sus comienzos como “Hoy” o “9.6”.

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En uno de los cambios de tema, Ana dio las gracias al público por enfrentarse al calor y pidió un toldo para el año siguiente, a lo que el público respondió con el grito unánime de “¡Escenario principal!”. Ya en la recta final sonó por fin “7 días juntos” (ya pensábamos que nos íbamos sin escucharla) y la elegida para el cierre fue “A veces ni eso”.

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Terminado el concierto de La Bien Querida, nos fuimos a comer y a descansar para afrontar la última noche en el recinto. Un poco más tarde de las 19h llegamos al Escenario Ribera del Duero para encontrarnos con Mi Capitán interpretando “Millones de palabras”. La propuesta de Mi Capitán se caracteriza, entre otras muchas cosas, por un buen sonido y, como canta Bunbury, “tener la actitud correcta”, y eso hace que la respuesta del público no pueda ser otra que la entrega total a sus canciones, que cantaban a pleno pulmón, especialmente “Es suave la voz”, momento álgido de la actuación.

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El relevo a Mi Capitán lo tomó una de esas bandas por las cuales sufrimos por su retirada y casi tiramos cohetes con su regreso, Maga. Y es que, a pesar de “tener letras raras” según algunas chicas de las primeras filas (a veces uno escucha cosas que preferiría no hacerlo, ésta fue solo una de las perlas), a nosotros nos parece que hacen magia con las palabras y las melodías, consiguiendo trasportarnos a otros lugares, y, sobre todo, conectando con nuestra parte más emocional. Abrieron su actuación con el tema que también abre su disco de regreso, “Domingo”, para después echar la mirada atrás con temas como “Sal y otras historias” o “Medusa”. Tras el breve repaso a su trayectoria que les permitió el tiempo de actuación, se despidieron del entregado público con “Agosto esquimal”.

Concluido el concierto de Maga, pusimos rumbo a la rueda de prensa, en la que además de contar con la presencia de Izal, se hizo balance de la edición del festival. Mikel Izal confesó que después de todo lo que les ha pasado en los útimos 4 años, que llegase el Sonorama y se pongan nerviosos dice mucho de lo que significa el festival para ellos, el primer festival que les dio una oportunidad en 2011 en la desaparecida Carpa Future Stars. “Hoy lo que queremos es rendir un homenaje a nuestro nacimiento de la mano de Sonorama; vamos a intentar olvidarnos de la perfección y centrarnos en la felicidad que nos ofrece el festival”.

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Después de la intervención de Izal, la organización, representada por Sandra González y Javier Ajenjo, ofreció su balance de la edición, mostrándose orgullosos de los hitos conseguidos y la profesionalización alcanzada tras 21 años, buscando también el equilibrio que permita cubrir los 2,5 millones de euros que se requieren de presupuesto. Se habló también del cambio generacional, que según ellos se está haciendo sin traumas (aquí se podría abrir un debate sobre el cambio generacional, la motivación musical del público y el precio del abono). También aprovecharon para anunciar que los abonos, al igual que en esta edición, no saldrán pronto a la venta, pues aunque el pueblo y su ayuntamiento se vuelcan con el festival, a veces las cosas no dependen tanto de una inversión sino de facilidades y hacer las cosas con la antelación que el festival requiere. Como suele ser habitual, Javier Ajenjo dio las gracias a todo el equipo, dejando patente que esos días aquello es “como una gasolinera 24h de emociones, y que da igual la hora, simpre hay alguien para apoyarte”. Además nos pidió que siguieramos creyendo, porque Sonorama Ribera quiere seguir siendo como es. La rueda de prensa finalizó con unas emotivas palabras de Sandra a Javier por su cumpleaños, acompañada de la “tarta” favorita de Javier, un plato de jamón.

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Emocionados por la recta final de la rueda de prensa, da alegría ver un equipo en el que se respira cariño, pusimos la directa para llegar a tiempo de ver a Xoel López en el Escenario Aranda de Duero. Cuando llegamos, comprobamos que en esta ocasión Xoel venía acompañado de una gran banda y que había reunido a un multitudinario público. Para nosotros Xoel siempre es una apuesta segura de buen concierto y el de Sonorama Ribera no fue una excepción. Con un repertorio bien escogido, donde éxitos como “Hombre de ninguna parte”, “Todo lo que merezcas” o “Tierra” se entremezclaron con algunas de las nuevas -“Jaguar”, “Balas”- y temas que no suelen entrar en el repertorio como “El amor valiente”, de su etapa como Deluxe, el artista gallego consiguió hacernos vibrar, emocionarnos, cantar y bailar, en uno de los conciertos que más rápidos se nos pasaron en la jornada.

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Finalizado el turno de Xoel, llegaba el momento esperado por muchos de los asistentes de la noche, el concierto de Izal. El grupo, que ha crecido mucho técnicamente en estos años, salió al escenario con energía, provocando furor desde las primeras filas hasta donde llegaba la vista en el recinto. Sonaron temas como “Pausa”, “Pequeña gran revolución” o algunos de los que no pueden faltar en su repertorio, como la “La mujer de verde”. Nosotros tenemos que confesar que cuando anunciaron que de los dos primeros discos iban a entrar pocos temas, nos dio un poco de pena, sobre todo porque con lo dicho en la rueda de prensa, pensamos que iban a echar más la vista a atrás, y teniendo en cuenta el tiempo de actuación del que disponían, podían haberlo hecho, y así hubiera sido de verdad un homenaje a su historia en Sonorama Ribera, y no un concierto más de su gira de festivales, que al final fue lo que sucedió. La parte buena tras la decepción, es que, cuando vimos el percal, pusimos rumbo a la zona de restauración y cenamos en pocos minutos porque no había colas. Así, cuando volvimos y nos quedamos en la retaguardia del recinto, pudimos contemplar la entrega total del público con cada tema y el precioso castillo de fuegos artificiales como broche de su actuación.

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El cambio de tercio en el horario no pudo ser más drástico; después de Izal, llegó el turno de Arizona Baby. Javier Vielba volvió a demostrar una vez más sus dotes de frontman, animando al público y metiéndoselo en el bolsillo desde el comienzo de la actuación. Además del repertorio más o menos habitual, los vallisoletanos tuvieron a bien presentar un tema del que será su próximo disco y que fue recibido por el público igual de bien que los ya conocidos. Eso sí, especialmente festejada fue la interpretación de uno de sus temas talistman, “Shiralee”.

Después de los problemas técnicos sufridos por Dorian en la edición anterior, los de Barcelona saltaron al Escenario Ribera del Duero dispuestos a quitarse aquel regusto amargo, y desde luego que lo consiguieron. Y es que Dorian tiene en su haber muchos temas que para gran parte del público (y para nosotros mismos) son ya himnos, como “Paraísos artificiales”, “Tormenta de arena” o “Verte amanecer”. Con ese

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panorama, y poniendo toda la energía y el corazón en su actuación, es normal que la respuesta obtenida no sea otra que un público casi en éxtasis, dejándose llevar por la música y cantando a pleno pulmón, a la vez que se pone le la piel de gallina. Nos hizo especial ilusión escuchar por primera vez en directo “Algunos amigos”, ¡cuántas verdades en una sola canción! Y es que para nosotros una de las claves del éxito de Dorian, es algo que muchos intentan y pocos consiguen, la magia de conectar con el público a nivel emocional y que se vea reflejado en sus canciones.

La noche siguió su curso con Nunatak, otro grupo que conocimos gracias a Sonorama Ribera y que esta vez actuaba en el segundo escenario del recinto. Los murcianos acudían a Aranda de Duero con nuevo material bajo el brazo, un largo titulado Nunatak y el tiempo de los valientes (Warner, 2018) y en él versaron la mayor parte del repertorio, presentando temas como “Nadie nos va a salvar” o “Bestias sedientas”. De los anteriores trabajos interpretaron también algún tema como “Solos”. Nunatak es para nosotros sinónimo de épica hecha canción, sus letras y melodías están rebosantes de fuerza y de luz, por eso seguramente, brillan con luz propia en cada actuación.

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No podíamos irnos de Sonorama Ribera sin acercarnos a conocer de primera mano la fiesta que lía Ladilla Rusa en sus directos. Y al parecer, no fuimos los únicos que pensamos eso, pues fue la única vez que vimos el espacio del Escenario Burgos Origen y Destino lleno hasta la bandera de público. Que los componentes de Ladilla Rusa no tocan, vale, que no cantan como los ángeles, también lo sabemos, ¿y? La música no es sólo tocar

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y cantar bien, y si bien en esas áreas flaquean, Tania Lozano y Víctor F. Clarés las compensan con el resto, porque sus letras y su actitud consiguen meterse en el bolsillo a todo el mundo, y lo que vimos en el Sonorama Ribera fue prueba de ello.

Cuando llegamos estaban interpretando “Estado del malestar”, su tema de crítica política, seguido de “Macaulay Culkin”, el tema cañí que les ha catapultado a la pole position. Tras los dos temas, hicieron gala de su originalidad y buena visión comercial, repartiendo unas cuantas cajas de pañuelos de papel, y consiguieron poner a todo el público a hacer una efectista coreografía con el tema “Atrás”. El concierto siguió su curso sin bajar un ápice de euforia en el público, del que pidieron 5 voluntarios (al final subieron muchos más) para bailar con ellos “Cambióme el cuerpo”, tras el cual sonaron fuertes gritos de “Escenario principal”. La actuación de Ladilla Rusa en Sonorama Ribera fue nuestro fin de fiesta ideal, así que pusimos rumbo al hotel para descansar, ya que al día siguiente volvíamos a casa y teníamos por delante 700 km. Por la mañana, al despedirnos de Aranda de Duero, empezamos a contar los días para volver.

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